domingo, 28 de agosto de 2011

"Karl Marx y la tradición del pensamiento político occidental " ( y I V )



“Karl Marx y la tradición del pensamiento político occidental” ( I V )

Como decíamos en nuestros tres artículos anteriores, el comentario de este libro va en memoria y homenaje de los asesinados por el régimen soviético, cuando estalló la Revolución húngara de 1.956, de la que se cumple este año el 55º aniversario.

Y seguimos con el capítulo “Reflexiones sobre la Revolución húngara”, apartado “Rusia tras la muerte de Stalin”, página 72.

Aún siendo espontánea, la Revolución húngara no puede entenderse fuera del contexto de los sucesos posteriores de Stalin. Tal como hoy sabemos, la muerte tuvo lugar en vísperas de la gigantesca nueva purga, de suerte que, fuese natural o asesinato, la atmósfera en las altas esferas del partido debía de ser de intenso miedo. Dado que no existía sucesor – nadie designado por Stalin y nadie o lo bastante rápido o que se sintiera llamado a la tarea -, lo que siguió de inmediato fue una pugna por la sucesión enla cúpula dirigente, que causó la crisis en la Rusia soviética y en los países satélites. Todavía hoy, cinco años después de la muerte de Stalin, el resultado puede no haberse decidido aún. Peor una cosa sí es segura: una de las fallas más graves de las dictaduras totalitarias es su apante incapacidad para encontrar una solución a este problema.

La actitud de los dictadores totalitarios sobre este asunto la conocíamos antes. La despreocupación de Stalin, designando ocasionalmente un sucesor sólo para matarlo o degradarlo al cabo de unos pocos años, contrastaba y se complementaba con unas pocas observaciones dispersas de Hitler al respecto. Todo cuanto sabíamos sugería con fuerza la convicción de ambos de que la cuestión era de importancia menor, pues casi cualquiera podía servir mientras el aparato de poder permaneciera intacto. Para comprender esta falta de interés, se debe tener en mente que la elección se circunscribía obviamente a un círculo pequeño de personas que, por el mero hecho de estar en la cúspide y estar vivas, habían dado pruebas de superioridad bajo condiciones totalitarias – con todo lo que esto implica - . Desde el punto de vista totalitario, además, una regulación vinculante de la sucesión introduciría un elemento de estabilidad extraño e incluso contrario a las necesidades del “movimiento” y a su extrema flexibilidad. De existir una ley de sucesión, habría sido desde luego la única ley estable, inalterable, en toda la estructura, y por ello posiblemente un primer paso en dirección hacia algún tipo de legalidad.

Pero, cualesquiera que hubiesen sido nuestros conocimientos, no habríamos podido saber qué iba a ocurrir en el caso de la muerte del dictador. Sólo la muerte de Stalin reveló que la sucesión es un problema irresuelto y que provoca una grave crisis que afecta a las relaciones entre los propios sucesores potenciales, a las relaciones entre ellos y las masas, y a la relación entre los diversos aparatos con cuyo apoyo pueden contar. Los líderes totalitarios, siendo líderes de masas, necesitan de la popularidad, que no es menos efectiva si bajo condiciones totalitarias se fabrica por medio de la propaganda y se mantiene por el terror. El primer paso en la pugna por la sucesión fue una competencia por la popularidad como quiera que ninguno de los competidores era muy conocido y no digamos ya popular – a excepción quizá de Zhukov , que como militar era el que menos probabilidades tenía de ascender al poder -. Kruschev importó los contrastados métodos americanos, viajando de aquí para allá, estrechando manos y hasta aprendió a besar niños. Beria se embarcó en una política de apaciguamiento antibelicista , cuyos términos evocaban lejanamente los esfuerzos de Himmler en los últimos meses de la guerra por suceder a Hitler, convirtiéndose en el hombre de confianza de los aliados para firmar la paz. Malenkov abogó por una mayor atención a los bienes de consumo y prometió elevar el nivel de vida. Todos ellos, concertadamente liquidaron al final a Beria, no sólo porque su política exterior se había vuelto peligrosa
 Sino también por ser, desde luego, el símbolo en persona del odio del pueblo, en Rusia como fuera de ella, algo de lo que, de nuevo como en el caso de Himmler, todo el mundo parecía estar al corriente excepto el interesado.

En fin, esta es una somera historia de la desaparecida URSS que estaba en manos de criminales y asesinos.

Lo resaltado en rojo es mío. En el libro viene con letra normal

Luis David Bernaldo de Quirós Arias

domingo, 21 de agosto de 2011

"Historia oculta del PCE" ( y I V )



Como decíamos en el artículo anterior, este último lo dedicaremos al apartado intitulado El PCE durante el pacto germano-soviético, página 150. Dice Así:

El 23 de agosto de 1939 el ministro nazi Von Ribbentrop y el soviético Molotov firmaban en Moscú, bajo la mirada complaciente de Stalin, un pacto de no agresión que incluía un acuerdo secreto para el reparto de Polonia. Francia e Inglaterra se encontraban otra vez ante Hitler, que ahora tenía las espaldas cubiertas para lanzarse hacia la conquista de Europa. En efecto, unas semanas después los alemanes invadían Polonia, aliada de las democracias occidentales, con lo que daba comienzo la Segunda Guerra Mundial. Al mismo tiempo, Stalin iría recogiendo las ganancias del pacto: la Polonia oriental, Letonia, Estonia y Lituania.

Este sorprendente giro se había realizado al margen de la Comintern, a su vez reducida al papel de mero apéndice de la política internacional soviética. Durante cerca de un mes, los partidos comunistas europeos se encontraron sin instrucciones precisas de la “Casa”. Las bruscas maniobras de los comunistas en Francia, el país más directamente afectado, son paradigmáticas de las del movimiento comunista internacional. Durante las primeras semanas, el PCF trató de conciliar el pacto germano-soviético con su anterior política patriótica y antialemana. Después, cuando llegaron las consignas de Moscú, arrinconó el antifascismo de un día para otro. Ahora la guerra era de carácter imperialista, es decir, un conflicto entre el imperialismo franco-británico y el imperialismo alemán. Y el PCF, que acababa de votar los créditos de guerra del gobierno Daladier, pasó a exigir que Francia pidiera la paz a Alemania. De pronto, los comunistas franceses se convertirían traidores a su patria. Predicando con el ejemplo, su secretario general, Maurice Thorez, desertó del ejército y se refugió en Moscú. Las consecuencias no se hicieron esperar: muchos dirigentes y militantes abandonaron el partido y el gobierno declaró ilegal al PCF.

Los dirigentes del PCE y del PSUC que se encontraban en Francia siguieron los pasos de sus camaradas franceses. Así, por ejemplo, el 2 de septiembre, Catalunya, portavoz del PSUC, enfatizaba: “Si estalla la guerra lucharemos, moriremos, venceremos con Francia, si el agresor fascista la obliga a defenderse”. Poco después vino la rectificación, y los comunistas españoles también fueron ilegalizados. A pesar del desconcierto provocado por el hecho de que ahora Franco aparecía como aliado indirecto de la URSS, no se produjeron deserciones importantes entre la militancia. Cabe mencionar la de Félix Montiel, diputado y catedrático,  que abandonó el partido en Cuba en 1941. Pero la gran mayoría de militantes asimilaron el viraje. Carrillo, en 1948, explicaba así el fenómeno:

“Incluso los militantes menos desarrollados políticamente, los menos preparados, se hacían este razonamiento sencillo y profundo: Lo ha hecho Stalin, lo ha hecho el Partido Bolchevique, bien hecho está. Por fuerza tiene que ser favorable a neustra causa.

La ilegalización del PCE en Francia aceleró su desorganización en los meses que precedieron a la invasión alemana. La Comintern había dado orden de repliegue hacia la “Casa” a los dirigentes de los partidos comunistas europeos, como Thorez o Togliatti. También los pocos dirigentes españoles que quedaban en Francia huyeron a la URSS o a Sudamérica. Antes de marcharse dieron a los militantes españoles la consigna de no alistarse en el ejército francés y de no luchar contra los alemanes. Los que iban a la URSS, como Carrillo, no tenían dificultades para atravesar Europa ocupada porlos nazis, en buenas relaciones con los soviéticos.

Otro de estos viajes fue el de Francisco Antón, el amante de Dolores Ibarruri. Había sido detenido  por la policía francesa e internado en un campo de Vernet, en el País Vasco Francés. Cuando los alemanes invadieron Francia, Pasionaria intercedió directamente ante Stalin para que solicitara a los alemanes su liberación. No hubo dificultades, y Antón viajó hacia Moscú a través de la Alemania nazi con pasaporte soviético.

Y con este artículo ponemos fin al comentario de este libro que recomendamos, como siempre, a los historieteros del régimen, así como a los catedraticoides paniaguados del mismo

Nota.- Lo resaltado en rojo es mío. En el libro viene con letra normal.

Luis David Bernaldo de Quirós Arias

miércoles, 17 de agosto de 2011

"Historia oculta del PCE" ( I I I )



Como decíamos en el artículo anterior, este libro desmonta todo el mito comunista en general, así como el de sus  miembros. Asimismo, también nos explica todo el terror y el horror de este partido.

En la página 53 y siguientes, bajo el título Los primeros pasos del PCE, se lee:

Es difícil precisar la cifra exacta de militantes del recién nacido PCE, pero era muy exigua, menos de 1.200, sin contar los de las Juventudes Comunistas. El partido había ido perdiendo afiliados, que en su mayoría se habían reintegrado en el PSOE. El reflujo era consecuencia de sus divisiones internas y sus métodos sectarios, pero también del debilitamiento general del movimiento obrero español en vísperas del golpe de Estado del que nacería la dictadura de Primo de Rivera.

Su implantación principal se localizaba en los núcleos obreros de Asturias, Vizcaya, Levante y Madrid. Sólo era fuerte en el área de Bilbao, donde controlaba la mayoría de sindicatos, en especial el de mineros. En su feroz pugna con los socialistas los comunistas vascos no dudaban en recurrir a las palizas, los tiros y las bombas. Métodos que los aproximaban a los sectores anarquistas más radicales. No es extraño, pues que el anarquista catalán Ramón Casanellas, unos de los autores del asesinato del presidente del gobierno Eduardo Dato, se convirtiera al comunismo.  Al entrar en contacto con el PCE bilbaíno.

Lo dirigía Pérez Solís, ahora exaltado practicante de la acción directa. Iba siempre armado, y solía comenzar sus mítines poniendo la pistola a la vista, sobre la mesa. Se rodeaba de un grupo de jóvenes violentos, sin más ocupación que la política. Frecuentaban los prostíbulos, que les servían para esconder las armas y recaudar fondos. Uno de ellos, con apenas dieciséis años, era Jesús Hernández, que llegaría a ser uno de los principales dirigentes del partido y ministro de Instrucción Pública durante la guerra civil. Hernández intervino en uno de los episodios más sonados delpistolerismo comunista en noviembre de 1922, cuando los comunistas vizcaínos seliaron a tiros  en el XV Congreso de la UGT, causando la muerte del obrero socialista Manuel González Portillo. El suceso provocó que los comunistas fueran expulsados  del sindicato en toda España.

Claro está que los comunistas bilbaínos no eran los únicos en usar estos métodos. La patrolanl tenía sus pistoleros, y también los socialistas. El comunista José Bullejos fue objeto de tres atentados. En unos de ellos resultó gravemente herido en na refiega con unos pistoleros, de los que mató a dos. Bullejos era un empleado de correos que, recién llegado a Bilbao desde Madrid, se convirtió en dirigente del sindicato minero sin haber trabajado nunca en una mina. Pronto llegaría a secretario general del partido. De estaviolenta cantera del comunismo bilbaíno saldría Dolores Ibarruri, Pasionaria, que entonces iba afianzándose como dirigente local.

Como el Congreso de unificación no había solucionado la grave situación interna del partido, la Comintern tuvo que intervenir enviando a un nuevo delegado, el suizo Jules Humbert-Droz, ex pastor protestante. A partir de ahora sería el tutor del PCE hasta 1931. Llegó clandestinamente a Madrid en abril de 1922, y tras jablar con todos los sectores del partido, sacó la conclusión de que no existía un fondo político en las disputas, que consideró fruto de personalismos derivados del individualismo español. Le sorprendió sobre todo el pistolerismo de los comunistas vascos, pero no intervino para poneer fin a esos métodos.

En el próximo y último capítulo veremos el párrafo intitulado El PCE durante el pacto germano-soviético

Nota.- Lo resaltado en rojo es mío. En el libro viene con letra normal.

Continuará.

¡Historieteros del régimen, catedraticoides paniaguados, promotores de la “memoria histórica, uníos y leed un poco!.

Luis David Bernaldo de Quirós Arias

martes, 16 de agosto de 2011

"Karl Marx y la tradición del pensamiento político occidental " ( I I I )



Como decíamos en nuestros dos artículos anteriores, el comentario de este libro va en memoria y homenaje de los asesinados por el régimen soviético, cuando estalló la Revolución húngara de 1.956, de la que se cumple este año el 55º aniversario.

Y seguimos con el capítulo “Reflexiones sobre la Revolución húngara”, página 70.

La revolución húngara interrumpió estas formas de sucesos automáticos y de conscientes  inconscientes repeticiones justo cuando el estudioso del totalitarismo se había acostumbrado a ellas y la opinión pública las seguía ya con apatía. Lo ocurrido en Hungría en absoluto vino preparado por cómo se desarrollaron los hechos en Polonia; fue algo totalmente inesperado y pilló por sorpresa a todo el mundo – a quienes lo promovieron y sufrieron, no menos que a quienes lo observaban desde el exterior con furiosa impotencia, o a quienes en Moscú se aprestaron a invadir y conquistar el país cual territorio enemigo. Pues lo que aquí ocurrió fue algo en lo que ya nadie creía, si es que alguna vez alguien creyó en ello; no los comunistas ni los anticomunistas, y menos que nadi quienes hablaban de las posibilidades y obligaciones del pueblo a rebelarse contra el terror totalitario sin saber o sin importarles el precio que otros pueblos tendrían que pagar por ello. Si alguna vez hubo una cosa tal como la “revolución espontánea” de Rosa Luxemburgo – ese súbito alzarse de un pueblo oprimido por mor de su libertad, y apenas por nada más, sin que el caos desmoralizador de una derrota militar lo preceda, sin técnicas de coup d’etat, sin un aparato bien ajustado d organizadores y conspiradores, sin la propaganda socavadota de un partido revolucionario -; es decir, si alguna vez hubo lo que todo el mundo, conservadores y liberales, radicales y revolucionarios, había desechado como un noble sueño, entonces nosotros hemos tenido el privilegio de ser sus testigos. Quizá el profesor húngaro que informó ante la Comisión de Naciones Unidas estaba en lo cierto: “La carencia de líderes de la Revolución húngara es algo único en la Historia; no estuvo organizada; no fue dirigida centralmente. El afán de libertad fue la fuerza motriz de todas y de cada una de las acciones”.

Los acontecimientos, pasados y presentes, no las fuerzas sociales ni las tendencias históricas, no las encuestas ni la indagación de motivos de cualquier otro artilugio del arsenal de las ciencias sociales, son los verdaderos maestros científicos de la política, los únicos dignos de confianza, como son también la fuente de información más fiable para quienes de dedican a la política. Una vez que ha ocurrido un acontecimiento como el levantamiento espontáneo en Hungría, toda política, toda teoría y previsión de potencialidades futuras precisan de re-examen. A l luz de lo acontecido hemos de poner a prueba y ampliar nuestra comprensión de la forma totalitaria de gobierno, así como de la naturaleza de la versión totalitaria del imperialismo.

Continuará.

Luis David Bernaldo de Quirós Arias

miércoles, 10 de agosto de 2011

"Contra Occidente" ( y I V )



Continuamos transcribiendo lo que figura en este libro en  la página 155 , Capítulo 3, intitulado El islamismo y el encaje en la alianza antisistema. Ahora transcribimos el apartado intitulado El recurso a la violencia, que pertenece también al citado Capítulo 3, página 162. Dice así:

Desde siempre,  el radicalismo y el tercermundismo se han considerado hijos de la violencia. La Revolución de 1848, La Comuna, la revolución soviética de 1917, o los regimenes comunistas del bloque soviético se fundaron sobre la violencia. Muchos movimientos contemporáneos, como el nacionalismo excluyente, ETA, las FARC, tantas brutales dictaduras y todas las ideologías extremistas y fanáticas, como el islamismo radical y otros fundamentalismos religiosos, se han fundado y se siguen fundando sobre la violencia.

La violencia es así una parte básica de las ideologías radicales propias del Tercer Mundo o de los que, aún dentro del primero, no han evolucionado hacia la moderación europeísta. No se puede renunciar a ello, como tampoco puede hacerlo el extremista religioso. Los socialistas se preguntan: si hay una yihad religiosa, ¿porqué no puede haber otra laica?. No hace falta no siquiera usar pistolas y explosivos. La verdadera yihad se hace con la persuasión forzosa, o sea, atacando a los cerebros, anulando voluntades u amedrentando a los disidentes.

Aún así, la mayor parte de los actos terroristas físicos, con víctimas, registrados en Occidente, han tenido una base, un anclaje izquierdista radical más o menos lejano.

Los mismos jeques fundamentalistas se consideran adalides de la defensa de los débiles, de los marginados y de los desheredados. Algunos son campeones de la lucha contra el capitalismo, sistema que consideran un reflejo de la tiranía occidental, lo que supone otro importante punto de conexión entre la izquierda radical y el islamismo radical. Para unos y otros la inmensa desproporción entre sus enemigos y ellos justifica la denominada guerra asimétrica, que no es más quela más inmoral justificación del terrorismo.

Como siempre decimos, libro recomendado para “catedraticoides”,  historieteros  fasciculeros de plantilla y “pensadores químicos”.

Luis David Bernaldo de Quirós Arias

domingo, 7 de agosto de 2011

"Historia oculta del PCE" ( I I )



Como decíamos en el artículo anterior, este libro desmonta todo el mito comunista en general, así como el de sus  miembros.

En las páginas 34 y 35, dentro del apartado La polémica sobre la Comintern en la CNT, se lee:

Paralelamente al Congreso del PSOEm los anarcosindicalistas de la CNT, en pleno auge de crecimiento organizativo y radicalización ideológica, celebraron otro congreso en Madrid, en el que se adhirieron a la Comintern “provisionalmente”, debido a su “carácter revolucionario”.  Se trataba de un sorprendente giro que rompía con su tradicional apoliticismo anarquista. De los tres representantes elegidos para llevar a Moscú la adhesión, sólo el sindicalista Ángel Pestaña pudo llegar a su destino. En julio de 1920 participó en las sesiones del Segundo Congreso de la Comintern. En su intervención rechazó la necesidad de partidos políticos para llevar a cabo la revolución, alegando que “la historia muestra que las revoluciones, comenzando por la gran Revolución francesa, se han hecho sin partido”. Trostky le interrumpió gritando: “¡Usted olvida a los jacobinos!”. El choque era ilustrativo de la gran distancia ideológica que mediaba entre el espontaneísmo anarquista y el elitismo comunista. Durante su estancia en Rusia, donde tuvo ocasión de entrevistarse con Lenin, Pestaña obtuvo unas impresiones muy críticas respecto al régimen que estaban implantando los comunistas, demasiado burocratizado y dictatorial, sin libertad para los trabajadores. La opinión de Pestaña, unida al progresivo conocimiento de la realidad soviética, provocaron el creciente distanciamiento de los anarquistas sindicalistas respecto al régimen soviético.

Sobre el viaje que los socialistas Fernando de los Ríos y Daniel Anguiano realizaron a Moscú en octubre de 1920, se lee lo siguiente en las páginas 44 y 45:

Se instalaron en Moscú en el famoso hotel Lux, destinado a los visitantes extranjeros y se dedicaron a pasear por la ciudad. En su libro Mi viaje a la Rusia sovietista, De los Ríos cuenta que le extrañó que en los cruces de las calles siempre hubiera un guardia rojo con la bayoneta calada, aunque el abundante mercado negro era tolerado por las autoridades. No era infrecuente encontrar por las calles caballos muertos a causa del cansancio y del hambre. Observó con asombro que no se veían ni perros ni gatos por parte alguna, víctimas de la hambruna. De noche, las calles quedaban  a oscuras para economizar energía. La capital de la revolución mundial, poblada de gentes silenciosas, que nunca reían, le produjo una sensación siniestra.

En la página siguiente se lee:

Antes de partir hacia Madrid, los delegados españoles fueron recibidos durante una hora por Lenin en su despacho del Kremlin. De los Ríos lo describe como “un hombre insignificante y frío, de rostro de tipo mongol”. Le preguntó cuándo podría alcanzarse en Rusia un régimen de plena libertad, y Lenin contestó con toda claridad:

“Nosotros nunca hemos hablado de libertad, sino de dictadura del proletariado; la ejercemos desde el poder en pro del proletariado. ( . . .). El problema para nosotros no es de libertad, pues respecto a ésta siempre preguntamos: ¿libertad para qué?”.
El cinismo de este sujeto, que para muchos pedantes marxistas infumables había sido “el personaje más importante del siglo XX”, queda puesto de manifiesto en estas declaraciones. En el libro El verdadero Lenin, ya comentado en nuestra sección “Comentario de libros”, en la página 45 se leen unas palabras de este sujeto sádico y criminal:

“El Gobierno de los Octubristas y Kadetes, de los Gushkov y Miliukov. . . no puede dar al pueblo la paz, el pan o la libertad”. Sin comentarios.

De los Ríos y Anguiano, también se entrevistaron con el ideólogo de la revolución, Bujarín, que trató de “darles una lección resumida de comunismo, vacunándoles contra la democracia burguesa”. Y les dice:

Hablar de voluntad común entre productores y burgueses es tanto como hablar de voluntad común entre el lobo y el cordero. La democracia es, pues, un residuo ideológico de la Revolución francesa, y a ella hay que oponer la lucha de clases, la guerra civil y el soviet como órgano de la democracia proletaria

Igualmente, les animó a luchar contra el reformismo socialista, previniéndoles de que no se dejaran influir por “estímulos democráticos o de compasión”, que podrían llevarles a traicionar la causa del proletariado. Lo que Bujarín no podía preveer es que unos años más tarde él mismo sería víctima de esa mentalidad que despreciaba la democracia o la compasión como valores caducos, que había que eliminar.

En fin, ¿cómo es posible que haya tanto tonto útil, entre ellos algún “Mayor” que yo me sé, que diga que “desde las filas del comunismo” ha habido gente muy homenajeada y “honoriscausada”,  que ha luchado por la democracia?.

Nota.- Lo resaltado en rojo es mío. En el libro viene con letra normal.

Continuará.

¡Historieteros del régimen, catedraticoides paniaguados, promotores de la “memoria histórica, uníos y leed un poco!.

Luis David Bernaldo de Quirós Arias

"Karl Marx y la tradición del pensamiento político occidental " ( I I )



Como decíamos en nuestro anterior artículo, el comentario de este libro va en memoria y homenaje de los asesinados por el régimen soviético, cuando estalló la Revolución húngara de 1.956, de la que se cumple este año el 55º aniversario.

Y seguimos con el capítulo “Reflexiones sobre la Revolución húngara”.

Todo esto y mucho más era predecible, no ya por la ausencia de fuerzas sociales o históricas que presionaran en otra dirección, sino porque era el resultado automático de la hegemonía rusa. Fue como si los gobernantes rusos repitieran a toda prisa todos los pasos de la Revolución de Octubre hasta el surgimiento de la dictadura totalitaria. Por ello esta historia, aún siendo inenarrablemente terrible, carece de suyo de demasiado interés y difiere muy poco de un lugar a otro; lo que ocurrió en un país satélite ocurriría casi al mismo tiempo en todos los demás, desde el Báltico hasta el Adriático.

Las únicas excepciones a la regla fueron los Estados bálticos, de un lado, y la Alemania del Este, del otro. La desafección de los primeros aconsejó su incorporación directa a la Unión Soviética, lo cual dispensó de la ceremonial repetición de todo el proceso y el estatuto de las naciones bálticas se asimiló de modo inmediato  al que disfrutaban otras nacionalidades soviéticas. Con la deportación de hasta un cincuenta por ciento de la población y la compensación de la pérdida demográfica con inmigraciones forzadas y arbitrarias, quedó claro que su estatuto se había asimilado al de los tártaros, los calmucos o los germanos del Volga, esto es, al de aquellos que en la guerra contra Hitler se habían revelado no dignos de confianza. El caso de la Alemania del Este es también una excepción, pero en la dirección opuesta; nunca se convirtió siquiera en nación satélite, sino que siguió siendo territorio ocupado y con un gobierno títere pese al celo de los agentes alemanes de Moscú. El resultado fue que el país, aún cuando en un estado bastante miserable si se lo compara con la Bundesrepublikj  (República Federal de Alemania), se las arregló económica y políticamente mucho mejor que los países satélites. Pero estos territorios son excepciones sólo en la medida en que también ellos cayeron en la órbita del poder ruso; no lo son al sistema de satélites porque no formaron parte de él.

Ni siquiera las dificultades que comenzaron a manifestarse poco después de la muerte de Stalin pueden considerarse inesperadas, dado lo fielmente que reflejaban los problemas, o mejor, las controversias en la cúpula del liderazgo ruso. También aquí pareció haber una repetición de las condiciones de los años veinte, antes de que se hubiera completado la configuración del movimiento internacional comunista en su forma finalmente totalitaria; entonces todos los partidos comunistas se dividieron en facciones que reflejaban cabalmente las del partido ruso, y cada grupo o facción miraba a su respectivo protector ruso como a un santo patrón -  cosa que sin duda era, ya que el destino de todos los protegidos a lo largo y ancho del mundo dependía por entero de la suerte que él corriese -. Ciertamente revistió interés, y alimentó la idea de que hay determinadas estructuras  inalterables en el movimiento comunista el hecho no sólo  de que a la muerte de Stalin siguió la misma crisis sucesoria que a la de Lenin treinta años antes (cosa que, después de todo, es bastante natural en ausencia de toda ley de sucesión), sino el que la crisis se afrontase de nuevo mediante la solución temporal de una dirección colectiva , término acuñado por Stalin en 1925, y el que el resultado en los partidos comunistas extranjeros fuera de nuevo una lucha desesperada por alinearse con uno de los líderes y por formar facción en torno a él. Así, Kadar era un protegido de Kurschev tanto como Nagy lo era de Malenkov. Tal repetición rozó con frecuencia la comicidad, incluso en la atmósfera de profunda y a veces sublime tragedia que de la Revolución húngara; como cuando una de las últimas emisiones de la Radio Comunista Libre Rajk urgía a ”los camaradas a sumarse al partido pseudocomunista de Kadar” y a convertirlo en  “un verdadero partido comunista húngaro”. Pues, en esta misma vena, la temprana oposición a Stalin había urgido a los camaradas a no abandonar el partido y a aplicar la táctica del Caballo de Troya, hasta que Stalin en persona ordenó después la misma táctica a los comunistas alemanes respecto al movimiento nazi.


Continuará.

Luis David Bernaldo de Quirós Arias

sábado, 6 de agosto de 2011

"El libro negro de la izquierda española" ( y V )



Continuamos con el apartado La victoria de la URSS: del Frente Popular a la guerra civil, página 128, que pertenece al capítulo intitulado La fascinación de la URSS, página 119.

La hegemonía del PCE se dejaba sentir cada vez más en la coalición frentepopulista, no tanto imponiendo su dominio organizativo cuanto empapando con sus consignas, al conjunto de la izquierda española. La creciente bolchevización del PSOE, que facilitaba extraordinariamente la penetración comunista, era percibida con terror por todos aquellos que se situaban en latitudes ideológicas distintas. Al poco tiempote de celebradas las elecciones de febrero, las cosas pintaban con tal suficiente claridad como para que la alarma más  extrema de apoderase de estos.  El verdadero triunfador de las elecciones era la URSS, a través del Partido Comunista.

Los elementos bolcheviques eran los que impulsaban a Largo Caballero. A instancias de las Juventudes Socialistas, Largo había comenzado a hablar de “conquista del poder” y de la “dictadura del proletariado”: hacía tiempo que la democracia carecía de significado para la mayoría del PSOE, embrujado por el maximalismo bolchevique. Pero cuando Largo declaró que “el socialismo tendrá que llegar a la máxima violencia para desplazar al capitalismo” la prensa de las JJSS no dudó en aclamarle. Se era el lenguaje que deseaban escuchar. ( 3 5 )

En la página 129 se lee:

Apenas una semana después de las elecciones, el PCE había pedido la constitución de un gobierno obrero-campesino ( 3 8 ). Los comunistas sabían muy bien cómo actuar; no tenían por qué ser la fuerza mayoritaria para alcanzar sus propósitos. Lo esencial era estar en disposición de influir en los resortes del Estado, en lugar de provocar la voladura de éste, que era lo que pretendía el infantilismo revolucionario de la izquierda socialista aún autónoma y los anarquistas. La irresponsabilidad ultrarrevolucionarias podía echar a perder la victoria. Había que presionar al poder republicano sin llegar a arruinar su acción de gobierno, instándole mediante la coacción a suprimir a las fuerza de derecha ( 3 9 ). La estrategia venía dictada por la Komintern ( 4 0 )
( 3 5 ).- Renovación, 23 de agosto de 1934

( 3  8 ).- Mundo obrero, 24 de febrero de 1936. El PCE trataba de vender su colaboración lo más cara posible, arrastrando al gobierno a secundar sus propósitos contra la derecha. No cabe duda a qué sonaba aquello de “gobierno obrero y campesino”.

( 3 9 ).- Mundo obrero, 13 de julio de 1936. El órgano del PCE pretende la eliminación y encarcelamiento de todos los grupos  y personas desafectas al Frente Popular; pocos días después tendrán ocasión de llevar a la práctica sus propósitos. El partido comunista elaboró un borrador legislativo que entregó al resto de grupos del Frente Popular en el que se especificaba “. . . serán encarceladas y procesadas sin fianza aquellas personas conocidas por sus actividades reaccionarias, fascistas y antirrepublicanas. . . serán disueltas todas las organizaciones de carácter reaccionario o fascista tales como Falange Española, CEDA, Derecha Regional Valenciana y las que, por sus características, sean afines a éstas, y confiscados los bienes muebles e inmuebles de tales organizaciones, de sus dirigentes e inspiradores . . . serán confiscados por el gobierno los diarios El Debate, Ya, Informaciones y ABC y toda la prensa reaccionaria de provincias”

( 4 0 ).- Leitz, C. y Dunthorn, D.J.: Spain in an International context, 1936-1939, New York and Osford 1999, pág.102; citado en S.G. Stanley Payne: Unión soviética, comunismo y Revolución en España, Plaza y Janés, Barcelona 2003, p.116: “Es necesario plantear una plataforma de reivindicaciones que tenga por objeto aislar a Acción Popular y a los demás partidos reaccionarios de su base y zapar su base económica”. Son las instrucciones de Manuilski para la acción política del PCE en España.

Son muy importantes y esclarecedores los capítulos intitulados El Frente Popular destruye la democracia, Las checas, El aniquilamiento del POUM, La matriz del terrorismo, Las purgas del PCE y otros.

Como decimos siempre, recomendamos este libro a ciertos historieteros de plantilla y también a ciertos “catedraticoides” del régimen, lo mismo que lo recomendamos también  a los “recuperadores” de  la “memoria histórica”

Luis David Bernaldo de Quirós Arias

martes, 2 de agosto de 2011

"Contra Occidente" ( I I I )



Continuamos transcribiendo lo que figura en este libro en  la página 155 , Capítulo 3, intitulado El islamismo y el encaje en la alianza antisistema. Ahora transcribimos el apartado intitulado La umma radical y el sacerdocio: el papel de las élites radicales en sus organizaciones y en la alianza, que pertenece también al citado Capítulo 3, página 158. Dice así:

Frente a las antiguas naciones o ummam, que tienen su gobiernos, parlamentos y poder judicial separados, el socialismo tercermundista y el  fundamentalismo islamista proponen la creación de una nueva umma, que es la comunidad de creyentes para pasar a crear una nueva “nación” de seguidores, que ya no se va a basar ni en una Historia, ni en una interpretación religiosa, ni en un idioma común, molestias que es preciso superar, sino en la pertenencia a la secta, a la verdad incontrovertible, a la utopía irrenunciable e impuesta.

Se busca al buen socialista o al perfecto islamista, quedando fuera tan sólo superestructuras, disidentes, reaccionarios o traidores que hay que eliminar progresivamente. Los enemigos son los mismos de siempre: democracia, economía de mercado, pluralismo y todos los que crean en estos valores. La nueva nación, o umma, ya no va a ser una nación de ciudadanos o de creyentes, sino de compañeros o fanáticos. Una nación, en suma, donde no van a contar los derechos individuales, sino tan sólo los colectivos. El resto son fascistas o mulhidin, heréticos o ateos superestructuras eliminables, y nada más.

Ahora bien, toda organización sectaria necesita de jerarquías y de grados, es decir, de órdenes y de sacerdocio, aunque este sacerdocio no implique un sacramento. Se trata de un sacerdocio de los iniciados, de la élite dominante. El resto de los adeptos tan sólo deben seguir ciegamente al que dirige, sin cuestionarle. Cualquier disidencia es traición, y el adepto discrepante pasa a convertirse en el peor de los enemigos. No todo el mundo puede ser Osama  bin Laden o Ayman al-Zawahiri, pero tampoco todos están destinados a ser tropa. Hay mandos intermedios que pueden y deben ascender hasta convertirse en sacerdotes o pastores que dirigirán a un cuerpo de seguidores fieles, enteramente sometido a sus designios. Este rasgo es común a todos los elementos de la alianza antisistema.

En la elección de pastores, los sistemas seguidos por ambos movimientos son absolutamente paralelos. Para ello se requiere:

  1. Pertenencia leal a la secta. Es secundario que ésta sea religiosa o simplemente civil o revolucionaria. Los no miembros no tienen, por principio, acceso a las órdenes.
  2. Experiencia amplia. Léase participación en campañas electorales (donde las haya), congresos de los partidos y movimientos radicales, prácticas piadosas comprobadas en el caso de los islamistas radicales, como por ejemplo número de ummas, de pregrinaciones menores realizadas, etc.
  3. Recepción de “gracia”. Ésta se recibe, como don gratuito, del líder máximo del movimiento radical, o del imán, y no se discute, sino que se acepta sin condiciones ni titubeos. La disidencia ay la discrepancia son el peor pecado en los movimientos extremistas.

La primera función de la nueva umma así constituida consiste en la conversión del jefe en un ídolo incontestable. No hay más que ver cómo el perfecto izquierdista radical procura ganarse el favor y el afecto del líder para tocar su mano y recibir la “Gracia”. Los suicidas musulmanes aspiran a escuchar una palabra de Bin Laden. Islamismo e izquierda radical son exactamente la misma cosa, tan sólo transportada de una cultura a otra y nada más.

Continuará

Como siempre decimos, libro recomendado para “catedraticoides”,  historieteros de plantilla y “pensadores químicos”.

Luis David Bernaldo de Quirós Arias

lunes, 1 de agosto de 2011

"Historia oculta del PCE" ( I )



“Historia oculta del PCE” ( I )

Así se intitula el libro de Joan Estruch, doctor por la universidad de Barcelona, catedrático de Instituto y especializado en el estudio del movimiento comunista internacional. El libro está editado por Ediciones Temas de Hoy, 2.000, 302 páginas, incluido el Índice Onomástico.

Este es otro libro que derrumba todo el mito comunista en general, y de sus miembros españoles en particular, tales como la Pasionaria y Santiago Carrillo, a la vez que  narra la persecución y liquidación de miembros del POUM. Asimismo, también nos cuenta el autor cómo se “purgaba” o asesinaba a cualquier miembro o militante del partido que no siguiese la política del criminal Stalin.

También nos cuenta este libro el sectarismo y el stalinismo del PCE, por mucho que se haya dicho que era, y es, “democrático”.

En el Prólogo del libro, página 16, se lee:

El drama histórico del PCE —escribe el autor en el prólogo— reside en que su larga lucha contra el fascismo no ha sido siempre auténtica lucha por la democracia. A partir del Frente Popular, lucho y defendió la democracia frente al fascismo, pero esa lucha tuvo un sentido táctico, ya que sólo era un medio para la toma del poder, un poder en el que sería suprimida la ‘democracia burguesa’. Así, durante la guerra civil, mientras los comunistas españoles luchaban contra el fascismo, el PCE apoyaba la represión estalinista en la URSS y reprimía violentamente a sus rivales (POUM) en España. Del mismo modo, durante los años del franquismo, el PCE combinaba la lucha por las libertades con la asfixia de cualquier discrepancia en el interior de su organización. Su defensa de la libertad quedaba, pues, desautorizada por su obediencia ciega al modelo soviético. Sólo a partir de los años setenta comenzará a afrontar esa incoherencia con objeto de ganar credibilidad democrática y consolidar su papel hegemónico dentro de la oposición franquista.

A continuación también se lee:

Desde su bolchevización en los años treinta, el PCE mantuvo unas estructuras organizativas y un funcionamiento stalinistas: prohibición de cualquier discrepancia, despotismo de los dirigentes, combinado con el culto a la personalidad, enorme peso del aparato burocrático, dependencia económica de la URSS . . . Durante la clandestinidad, ese funcionamiento se justificaba con la coartada de la defensa frente al acoso policial. Pero cuando llegó la democracia ya no pudo sostenerse la contradicción entre las consignas democráticas de puertas afuera y los métodos antidemocráticos de puertas adentro. Estas contradicciones ideológicas y organizativas, proyectadas hacia la sociedad, provocaron la progresiva marginación política del PCE. Este fracaso propio, unido al hundimiento del sistema soviético, lo dejarían desprovisto de su histórica razón de ser.

La propaganda comunista siempre ha sido enorme, hasta tal punto que hubo insensatos que lo comparaban con el cristianismo. En la página 31 se puede leer:

La primera referencia elogiosa a la revolución bolchevique no aparece en El Socialista hasta marzo de 1918 y no procede la dirección del partido, sino del Grupo de Estudiantes Socialistas, del que más adelante saldrían los fundadores del PCE Español. El artículo está firmado por Manuel Cardenal, joven universitario que demostraba estar muy mal informado respecto a la ideología bolchevique, ya que entendía que los bolcheviques eran seguidores del pacifismo cristiano de Tolstoi:

“A la fuerza injusta del imperialismo alemán van a oponer los rusos, según la proclama de Trotsky, una resistencia de brazos cruzados. No quieren los rusos devolver mal por mal ( . . .) En 1918 se vence el odio a la guerra con el amor. Frente a las bayonetas alemanas, los revolucionarios rusos oponen sus corazones generosos. ¡Y son más fuertes los corazones que las bayonetas!. A través de Europa ensangrentada, ya os saludamos, ¡oh, nobles revolucionarios rusos!.

Esta versión cristianizante de la revolución rusa no constituía un caso aislado. Eran bastantes los jóvenes universitarios de clase media que encontrarían en el comunismo “un magnífico sustituto de la fe cristiana perdida”, en palabras de un joven estudiante de Derecho, José Antonio Balbontín, que escribía poemas a la revolución rusa, materialización del “Reino de oro que el Cristo soñara”.

La verdad es que nos hace gracia este comentario del citado Manuel Cardenal, sobre todo en lo referente a las bayonetas y a los corazones generosos. No cabe duda de que Santiago Carrillo no coincide con él, cuando dijo aquello de:

"La caída rápida, estrepitosa y sin oposición de los regímenes de Europa oriental, se debió a que el comunismo fue impuesto por las bayonetas del Ejército Rojo. Cuando las bayonetas dejaron de sostener a esos regímenes, se cayeron”.

¡Historieteros del régimen, catedraticoides paniaguados, promotores de la “memoria histórica, uníos y leed un poco!.

Continuará

Luis David Bernaldo de Quirós Arias